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Bancos de genética y semillas sirias en el exilio: así planea este científico salvar a la humanidad *EXCLUSIVE*

29 marzo 2018 a las 15:39 GMT +00:00 · Publicado

Un proyecto de investigación con sede en Alepo, conocido como el Centro Internacional de Investigación Agrícola en Áreas Secas (ICARDA, por sus siglas en inglés), se cuenta entre las víctimas del conflicto armado en Siria, que ya dura siete años. Sus valiosos depósitos, compuestos por una vasta colección de semillas para cultivos, se encuentra entre los exiliados que huyeron del país por culpa de la guerra.

Ali Shehadeh es un científico sirio cuyo trabajo en un banco de semillas en Terbol, Líbano, está dirigido a salvar a la humanidad de una posible extinción en masa causada por el calentamiento global o una guerra mundial, al almacenar el material genético necesario para reproducir cultivos vitales como trigo, cebada y arroz.

Él es uno de los pocos con la suficiente previsión para prepararse con siglos de anticipación para la llegada del momento en el que resulte imposible cultivar alimentos cotidianos básicos en la alimentación del ser humano.

Un banco de semillas se puede ver de dos maneras diferentes. En un sentido, la idea de almacenar enormes cantidades de semillas para prepararse para una inevitable catástrofe provocada por el ser humano es altamente pesimista. Pero, ¿la idea de que es posible repoblar el árido y yermo mundo del futuro con los cultivos que los humanos necesitan para sobrevivir? Eso es optimismo.

“Es muy importante para cualquier banco de genes mantener estos recursos para la humanidad, para las generaciones futuras, porque estamos guardando recursos muy valiosas, es patrimonio de la humanidad y puede usarse en cualquier momento”, explica Shehadeh.

Grandes extensiones de tierras de cultivo en Siria han sido devastadas por los combates en curso entre las fuerzas gubernamentales, los grupos rebeldes y el autoproclamado Estado Islámico (EI).

La compañía para la que trabaja, ICARDA, tiene como objetivo revertir el daño causado por las luchas internas y recuperar la fertilidad de los campos de Siria. Tiene, o al menos tuvo alguna vez, una proporción mucho mayor de terreno cultivable que la vecina Jordania e Irak.

"No tenemos dudas de que el ICARDA tendrá un papel importante para ayudar a reconstruir la agricultura en Siria, incluso para proporcionar las semillas a los programas nacionales, o proporcionar los paquetes técnicos y la experiencia necesaria para rehabilitar los sectores agrícolas en Siria”, cuenta Shehadeh.

Pero el ICARDA también ha sido víctima de la guerra. Sus trabajadores se han visto obligados a huir, sus depósitos fueron abandonadas y sus semillas se trasladaron a Líbano, India, Jordania, Túnez, Etiopía y Egipto, de manera similar a los millones de sirios desplazados por el conflicto.

"El conflicto llegó hasta ICARDA a mediados de 2012 y la dirección tomó la decisión de abandonar Tal Hadya y reanudar las actividades temporalmente en las oficinas de Alepo. Cuando nos dimos cuenta de que la situación no era la perfecta, no era adecuada para reanudar nuestras actividades ni para la seguridad de los propios expatriados, la dirección de ICARDA tomó la decisión de evacuar a todos los expatriados y sus familias fuera de Siria”, comenta Shehadeh.

Para el año 2015, sin embargo, la oposición ya había consolidado sus posiciones en el norte, alrededor de Alepo y Tal Hadya, lo que significaba que Shehadeh y su equipo ya no podrían trabajar en estas instalaciones.

Aunque acceder a las instalaciones era un problema, conseguir los recursos para salvar al banco de semillas del olvido era otro problema muy distinto.

Los equipamientos necesarios para trabajar con más de 150,000 variedades de cultivos de Oriente Medio como la gasolina, los vehículos y el personal escaseaban en las fases más intensas del conflicto.

Pero no eran solo las semillas o la gasolina los que estaban bajo amenaza. La fauna local también sufría peligro.

“Logramos traer 120 ovejas de Alepo al Líbano con un acuerdo especial del Gobierno”, explica Shehadeh. "Trajimos las ovejas porque esta raza, la raza Awassi, es una de las razas más importantes en la zona. Es una raza histórica, tiene su singularidad en sus características en términos de calidad, calidad de la carne, calidad de la leche y calidad de la lana”.

Y, por supuesto, pronto se las comerían si caían en las manos equivocadas.

Pero afortunadamente en 2008, antes de que estallara la guerra, se tomó una decisión profética para proteger las semillas de Siria y transferirlas a los fríos territorios junto al océano Ártico.

Svalbard, un enclave noruego a medio camino entre Escandinavia y el Polo Norte, alberga un enorme depósito subterráneo.

Su ubicación remota y su relativa neutralidad lo convirtieron en el lugar ideal para almacenar las valiosas semillas.

"A lo que aspiramos a largo plazo es a tener una copia de cada muestra de semillas que existen en todo el mundo guardada en el banco de genes de Svalbard para que, si algo sucede, ya sea una guerra o una catástrofe natural, el material no se pierda para siempre”, cuenta Marie Haga, directora ejecutiva de Crop Trust, una empresa con sede en Bonn.

Crop Trust es la única organización en el mundo que trabaja a nivel mundial para tratar de gestionar un sistema eficaz de conservación de cultivos. La organización proporciona al ICARDA valiosos fondos y capacitación para las operaciones del banco de genes.

“Cuando el banco de genes de Alepo ya era incapaz de funcionar, se decidió, a principios de septiembre de 2015, comenzar a retirar semillas del Depósito Global de Semillas de Svalbard”, añade Haga. “El banco de genes se estableció en parte en Marruecos y en parte en el Líbano. Los científicos de ICARDA han realizado un enorme trabajo”.

También describió el papel vital que ICARDA desempeña en Oriente Medio y en todo el mundo, dada la creciente importancia de las plantas resistentes y duraderas que pueden prosperar en condiciones inhóspitas.

“Lo que necesitaremos en el futuro es criar plantas que soporten temperaturas más altas, que puedan soportar un clima más seco y, en muchos sentidos, un clima más impredecible, y las plantas que se origina en esta parte del mundo sí tiene estos rasgos”, cuenta Haga. “Es por eso que la colección en ICARDA es tan fundamental. En realidad, ahora es más importante que nunca”.

La directora ejecutiva de crop trust también elogió al personal de ICARDA por el trabajo que llevaron a cabo en unas condiciones tan duras, diciendo que lo que han logrado es “vital para el mundo”.

Pero, ¿hay alguna posibilidad de que las semillas puedan regresar a su hogar en Siria desde su gélido exilio?

Shehadeh espera que sí, y cree que él también podrá regresar a casa desde el Líbano, donde reside actualmente.

"Volveremos a Alepo, a la estación Tal Hadya, para reanudar las actividades de ICARDA. Confiamos mucho en el papel del ICARDA en la región”, concluye el científico.

Quizás no todo esta perdido, y los bancos de semillas sean para los optimistas a pesar de todo.

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Descripción

Un proyecto de investigación con sede en Alepo, conocido como el Centro Internacional de Investigación Agrícola en Áreas Secas (ICARDA, por sus siglas en inglés), se cuenta entre las víctimas del conflicto armado en Siria, que ya dura siete años. Sus valiosos depósitos, compuestos por una vasta colección de semillas para cultivos, se encuentra entre los exiliados que huyeron del país por culpa de la guerra.

Ali Shehadeh es un científico sirio cuyo trabajo en un banco de semillas en Terbol, Líbano, está dirigido a salvar a la humanidad de una posible extinción en masa causada por el calentamiento global o una guerra mundial, al almacenar el material genético necesario para reproducir cultivos vitales como trigo, cebada y arroz.

Él es uno de los pocos con la suficiente previsión para prepararse con siglos de anticipación para la llegada del momento en el que resulte imposible cultivar alimentos cotidianos básicos en la alimentación del ser humano.

Un banco de semillas se puede ver de dos maneras diferentes. En un sentido, la idea de almacenar enormes cantidades de semillas para prepararse para una inevitable catástrofe provocada por el ser humano es altamente pesimista. Pero, ¿la idea de que es posible repoblar el árido y yermo mundo del futuro con los cultivos que los humanos necesitan para sobrevivir? Eso es optimismo.

“Es muy importante para cualquier banco de genes mantener estos recursos para la humanidad, para las generaciones futuras, porque estamos guardando recursos muy valiosas, es patrimonio de la humanidad y puede usarse en cualquier momento”, explica Shehadeh.

Grandes extensiones de tierras de cultivo en Siria han sido devastadas por los combates en curso entre las fuerzas gubernamentales, los grupos rebeldes y el autoproclamado Estado Islámico (EI).

La compañía para la que trabaja, ICARDA, tiene como objetivo revertir el daño causado por las luchas internas y recuperar la fertilidad de los campos de Siria. Tiene, o al menos tuvo alguna vez, una proporción mucho mayor de terreno cultivable que la vecina Jordania e Irak.

"No tenemos dudas de que el ICARDA tendrá un papel importante para ayudar a reconstruir la agricultura en Siria, incluso para proporcionar las semillas a los programas nacionales, o proporcionar los paquetes técnicos y la experiencia necesaria para rehabilitar los sectores agrícolas en Siria”, cuenta Shehadeh.

Pero el ICARDA también ha sido víctima de la guerra. Sus trabajadores se han visto obligados a huir, sus depósitos fueron abandonadas y sus semillas se trasladaron a Líbano, India, Jordania, Túnez, Etiopía y Egipto, de manera similar a los millones de sirios desplazados por el conflicto.

"El conflicto llegó hasta ICARDA a mediados de 2012 y la dirección tomó la decisión de abandonar Tal Hadya y reanudar las actividades temporalmente en las oficinas de Alepo. Cuando nos dimos cuenta de que la situación no era la perfecta, no era adecuada para reanudar nuestras actividades ni para la seguridad de los propios expatriados, la dirección de ICARDA tomó la decisión de evacuar a todos los expatriados y sus familias fuera de Siria”, comenta Shehadeh.

Para el año 2015, sin embargo, la oposición ya había consolidado sus posiciones en el norte, alrededor de Alepo y Tal Hadya, lo que significaba que Shehadeh y su equipo ya no podrían trabajar en estas instalaciones.

Aunque acceder a las instalaciones era un problema, conseguir los recursos para salvar al banco de semillas del olvido era otro problema muy distinto.

Los equipamientos necesarios para trabajar con más de 150,000 variedades de cultivos de Oriente Medio como la gasolina, los vehículos y el personal escaseaban en las fases más intensas del conflicto.

Pero no eran solo las semillas o la gasolina los que estaban bajo amenaza. La fauna local también sufría peligro.

“Logramos traer 120 ovejas de Alepo al Líbano con un acuerdo especial del Gobierno”, explica Shehadeh. "Trajimos las ovejas porque esta raza, la raza Awassi, es una de las razas más importantes en la zona. Es una raza histórica, tiene su singularidad en sus características en términos de calidad, calidad de la carne, calidad de la leche y calidad de la lana”.

Y, por supuesto, pronto se las comerían si caían en las manos equivocadas.

Pero afortunadamente en 2008, antes de que estallara la guerra, se tomó una decisión profética para proteger las semillas de Siria y transferirlas a los fríos territorios junto al océano Ártico.

Svalbard, un enclave noruego a medio camino entre Escandinavia y el Polo Norte, alberga un enorme depósito subterráneo.

Su ubicación remota y su relativa neutralidad lo convirtieron en el lugar ideal para almacenar las valiosas semillas.

"A lo que aspiramos a largo plazo es a tener una copia de cada muestra de semillas que existen en todo el mundo guardada en el banco de genes de Svalbard para que, si algo sucede, ya sea una guerra o una catástrofe natural, el material no se pierda para siempre”, cuenta Marie Haga, directora ejecutiva de Crop Trust, una empresa con sede en Bonn.

Crop Trust es la única organización en el mundo que trabaja a nivel mundial para tratar de gestionar un sistema eficaz de conservación de cultivos. La organización proporciona al ICARDA valiosos fondos y capacitación para las operaciones del banco de genes.

“Cuando el banco de genes de Alepo ya era incapaz de funcionar, se decidió, a principios de septiembre de 2015, comenzar a retirar semillas del Depósito Global de Semillas de Svalbard”, añade Haga. “El banco de genes se estableció en parte en Marruecos y en parte en el Líbano. Los científicos de ICARDA han realizado un enorme trabajo”.

También describió el papel vital que ICARDA desempeña en Oriente Medio y en todo el mundo, dada la creciente importancia de las plantas resistentes y duraderas que pueden prosperar en condiciones inhóspitas.

“Lo que necesitaremos en el futuro es criar plantas que soporten temperaturas más altas, que puedan soportar un clima más seco y, en muchos sentidos, un clima más impredecible, y las plantas que se origina en esta parte del mundo sí tiene estos rasgos”, cuenta Haga. “Es por eso que la colección en ICARDA es tan fundamental. En realidad, ahora es más importante que nunca”.

La directora ejecutiva de crop trust también elogió al personal de ICARDA por el trabajo que llevaron a cabo en unas condiciones tan duras, diciendo que lo que han logrado es “vital para el mundo”.

Pero, ¿hay alguna posibilidad de que las semillas puedan regresar a su hogar en Siria desde su gélido exilio?

Shehadeh espera que sí, y cree que él también podrá regresar a casa desde el Líbano, donde reside actualmente.

"Volveremos a Alepo, a la estación Tal Hadya, para reanudar las actividades de ICARDA. Confiamos mucho en el papel del ICARDA en la región”, concluye el científico.

Quizás no todo esta perdido, y los bancos de semillas sean para los optimistas a pesar de todo.

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